lunes, 29 de junio de 2009

Los amigos que ríen igual...

Parece que pasan tres cosas. Todo el tiempo, a veces de vez en cuando. Como ese dedo que limpia y rasca la oreja, y aparte sirve para la nariz, el tres en uno, como el ambo, el de monio y el esport, como el cielo y el infierno y los que estamos acá, que es casi lo mismo, bueno, como River, Boca y deportivo Riestra, asado, vacío, morcipan, sopa crema o caldito de topo desgrasado. Hablo de la trialidad. Del quiero esto y después algo distinto pero luego cambio. Del pienso así pero no compatibiliza con cómo siento pero da igual porque hago otra cosa. Del más vale que llegue temprano a laburar y que pueda dominar el impulso de dormir, como para empezar a levantarme y hacer que todo esto de vivir salga un poco más fácil. Sí, más fácil. ¿Te acordás cómo? Es que todo estaba por venir y las esperanzas costaban menos estupidez a 30 días con tasa variable. Tantas horas mirando el río, imaginando cómo seríamos ahora. ¡Que viejos chotos! Porque ya tenés 30, ¿sabés? Y pienso: cómo la cagamos, eh. Vos acá y yo allá y tu vieja en Carmelo. Y ni mierda. Al menos nos une la estomalgia y el Club de Cromi, que no es poco. Más bien diría que es casi todo.

A veces te regaño. Otras, ni me acuerdo de que existís pero te regaño igual. Por lo de siempre, imaginate, me tenés harto. Es que te salía bien eso de contarle las letras a la palabra rota y decir que era capicúa. Pero no es capicúa boluda, capicúa es que se lee igual al reverso y además que mierda tenés que contar si sólo tiene cuatro letras, te contradecía yo, y vos: claro que es capicúa. Es como yo quiero. Y nos puteábamos. Y nos callábamos. Y amanecía, y media napolitana de La Farola a 3 con 60 el metro: lo último que nos quedaba y al otro día, domingo, robábamos sobrecitos de condimento y unas pajitas del Mc Donald’s.

Mi casa sigue oliendo a superchino recién abierto. Todo el tiempo. Hoy llegué y había un pato a la pekinés en el horno. Sentí olor a quemado desde la puerta y sonreí callado. El hogar está frío ahora que es invierno, y como dice Paco, todos en la cocina se ríen y toman vodka -por eso ríen-. Es verdad, a veces es un poco así. Pero otras, no tanto igualmente. Qué se yo, preguntale a Paco, ya le conté que me anda doliendo el culo. Y tengo una arruga debajo de cada uno de los los rollos de la panza. Ya no me cura el vino con sandía en damajuana de plástico ni la hamaca risueña del último porro. De hecho, dejé de fumar y ahora que lo pienso, creo que debería revertir la decisión.

Tengo una foto tuya, esa que te saqué el día que te bajé un diente. A mí se me cayó la chota y nadie quiere guardar la imagen. Es la trialidad, viste, esa que te contaba. Ese ir y venir sin moverse, de los días que no entienden si vivimos al norte o al este o para abajo. Yo siempre te lo dije: vamos al este que esté mejor o sino al oeste. Y vos, ni caso, siempre contradiciendo, te fuiste a la concha de la lora y me dejaste rayando queso y derritiendo manteca en los fideos. No importa, está bien, nos une la estomalgia y, cómo no, las milanesas de tu mamá que las repito una semana. Yo las sigo comiendo, de vez en cuando. Ella te guarda algunas en el freezer para cuando decidas volver. Y yo cada vez que entro a tu casa, abro la heladera marrón de la cocina, pico algo, tomo un poco de birra, leo el diario y le digo: “Martita, no jodas, dámelas a mí que la chabona no se las merece”. Ella se ríe -la cerveza ya estaba abierta de antes- pero en el fondo se enoja, lo sé, como todo borracho, y me dice que la nena va a volver llena de plata, y la nena tiene treinta y ya seguro optó por gatear para sobrevivir. A mí por suerte no se me dio por las trolas. Creo que hubieran acabado conmigo. Tal vez esa sea otra decisión que debería revertir.

El barrio no se parece en nada al que era. Porque ya no hay nadie acá y sabés algo que noté: los que quedamos tenemos otra mirada. Ayer, de hecho, me encontré con Paulo. Se hizo Pai Umbanda. Y aunque le queda bien, le cuesta andar llevando gallinas, se le nota por cómo agarra la correa de las jaulas. Vende comida naturista con su novio y hacen sacrificios en la calle Godoy Cruz. Todos los días. Yo le dije que me parecía bien, pero a la cuadra siguiente pensé que no estaba tan buena esa vida y que quiero una así. Qué se yo, viste. Eso que te contaba de la trialidad.

En fin. Te regaño. Se me dio por escuchar a Wendy Sulka estos días. Qué se yo. Espero que estés bien y que te vaya bien pero para el orto y que hayas encontrado eso que andabas buscando que no se cuando perdiste. Algo así. O, tal vez, aprovecho este espacio y te digo la verdad me chupa un huevo que tiene más que ver con que estoy seguro de que no tenés idea de qué inventar para estar acá de nuevo y no sentirte una trola fracasada por eso, y que me extrañás a mí y a tus desayunos en el patio con tu gata Lulú robando de todo, que estas almas significan más que ninguna toalla de playa papaya. Pero te cuesta admitir. Lo entiendo. A mí también, si te deja mejor. Te diría que vuelvas, pero sé que mañana me puedo arrepentir y decirte vuelvas estando acá, nos podemos equivocar todos y no resistir, por eso de la trialidad, que te decía, viste.

miércoles, 24 de junio de 2009

Piji's Dixit


“Me apoyaron en el tren desde Burzaco, en Constitución me chorearon, me cagué de calor 2 horas en el colectivo bajo los sobacos de un montón de tipos más altos, vengo con el lomo partido de trabajar 14hs por día, 6 días a la semana a tu casa, con un cansancio que el cerebro se me desactiva. Y vos me decís… que me decías mi amor?”

martes, 16 de junio de 2009

Nada nada

Salgan a nadar, escualos sin plumas,
que con osadía muerden la piel,
amargas ojotas huelen a pie,
sin carnada, sin anzuelo.

Llena tu bozo, oh digestividad,
levanta las líneas y no permitas el engaño:
socorro, jamás comerás.

El pescado te pertenece,
pues que el pescado te pese,
aún más que tus elementos de riel,
más que el aroma de tu exhalación que,
bien sabes, tu, digna pescadora,
trucha y sólo trucha será.
Trucha y sólo trucha comerás.

miércoles, 10 de junio de 2009

Te Clavo Estereo

Crecemos bajo el imperio de miles de melodías que se multiplican a medida que bajamos de internet, al paso que creamos carpetas. Porque esos estilos se forjan con el tornillo de lo retorcido, que deja sabor!, y da nacimiento a uniones de ritmos de metalmelódico, rumba-ska, tecnoclásico, merengue marchoso y, el más abominable, reggeaton. Siguen las actividades en segundo plano y, en definitiva, seguimos paso a paso las instrucciones de progamas que se instalan y nos van anulando la memoria y el disco rigido.

Nos alejamos de archivos raros porque sometemos viruses. Los aplacamos. Están prohibidos. La piratería es de los hackers que, ya vimos, están en lujosas oficinas o en el fondo de compañías multinacionales.

Bajamos discografías enteras todos los días por ser esclavos. Porque es más cómodo que elegir canciones, que no pesan. En la rápida y ancha banda moderna que se supone de alta velocidad y que yo en cambio creo que está colapsada en conexiones y cumple perfecto con el mecanismo de retroalimentación de spam, nos vamos convenciendo de que el hedonismo musical tiene sentido y de que el mal sólo acecha en 10musica.com y Taringa.

En una clara muestra de soberbia desbordada por la verborragia de quienes, de la misma manera que yo, se bajan música islandesa desde lo distintivo, me creí alejada de esa basura.

Y me fui volviendo esclavo. Me liberé del Explorer 7 pero me interné en el Firefox, al que creí soberano. Acá hay libertad, me dije. Salpiqué mis Favoritos con links, protesté ante la fachada del nuevo Live Messenger, renuncié al monopolismo microsoftiano y eliminé de mi Windows decenas, cientos de actualizaciones forzosas. Regalé algunos programas y pensé que finalmente había logrado quedar fuera de un sistema nefasto, depravado, siniestro y mal concebido. Del que sigo creyendo que es nefasto, depravado, siniestro y mal concebido.

Pero me arraigué tanto al discurso que me convertí en snob. Eso, por empezar. Y después: preso de mí, que buscaba pertenecer. Hice el amor con quién quise y más, hasta con aquél, UBUNTU, que sólo por particular llevé hasta mi CPU, haciendo lo imposible porque acabara de instalar y yo pudiera reiniciar. Y todo para qué. Para sentirme más libre, como si la libertad estuviera ahí. Qué locura.

Seguí. No di problemas, no pedí nada, me quedé, sin necesitar, sin formatear, sin copiar o pegar, jamás. Porque de eso se trata, decía, mientras pensaba en lo inevitable como aquel que se esclaviza evocando al Linux, un destino que no podrá evitar.

Otra vez la necesidad de pertenencia. Otra vez, la bestia monopolista. Igual, exactamente igual a los religiosos de la rutina Kernel, a los fanáticos de la evolución de la tecnología.

Porque todo lo que generamos, cómo pensamos, lo que hacemos, está enterrado vivo en el código de Microsoft. Y otra vez el recomenzar la instalación. Ahora, a salir de acá. Porque acá también se vive bajo estructuras elitistas. Acá no queda nada más que sumisión al software libre. Y si algo aprendí, acá, es que está en mí el sentido pero nunca, nunca podré aceptar al abnegado, y en definitiva, me doy cuenta que Linus Torvalds y Bill Gates se juntan a comer una picada los martes y hablan de cómo nos empoman entre los dos.





martes, 2 de junio de 2009

Una noche como no-cualquier otra


Fui al bar con la misma actitud con que a veces me dispongo a cocinar: sin saber exactamente qué voy a hacer pero con la expectación de poder tragar lo que haga. Mi trabajo como Barman era sólo una faceta más en mi vida, una de esas historias de persona-función. Para ser más claro: aquella noche no deliberé acerca de lo que pensaría mientras trabajara, ni de si obtendría alguna ganancia de ello, ni de si sería una noche como cualquier otra, en la cual soy la causa y la solución, o si alguien se fijase que hay algo más atrás del muchachito pintón que sirve los tragos y coquetea con todas. Nada de eso me importó porque a nadie importaba demasiado, y eso –se sabe- hace que ciertas cosas sean mucho más insignificantes.

Servía un margarita cuando la vi cruzar por la puerta de entrada del bar. Estaba vestida casual y su mirada buscaba mis ojos manteniendo una seriedad poco común para la situación que evidentemente se estaba por dar. Se arrimó hasta la barra. Ahí estaba ella, con su pelo lacio suelto y una sonrisa disimulada detrás de unos labios bien cerrados. Era decididamente compradora; cualquier hombre en alza sería capaz de entregarse ante tal actitud, ella sería capaz de tomarse incluso un Bloody Mary con tal de hacerse la sexy ante mí. Así que ella se sentó ahí, en una banqueta, y me miraba fijo. Intenté esquivar su mirada pero era evidente que había venido a buscarme especialmente a mí; como buitre sobre la carroña. Traté de dar un aire de normalidad a la situación. ¿Qué diablos hacia un martes aquí, a esa hora y de esa forma? Mostré mi mejor sonrisa, me acerqué y la bese con un calido movimiento de mis labios. Le pregunté que le gustaría tomar y, en una forma dubitativa y pensante, me pidió un Fernet y si era posible otro de esos besos.

Se relajó sobre el respaldo y clavó la pajita en su boca. A veces pienso en la comedia que montamos para vivir, en cómo nos interpretaríamos si fuésemos capaces de observarnos como a unos extraños conocidos. En fin. Ahí estaba yo, un martes cualquiera, preparando un Fernet más, encantando con un beso a alguien que creía, que para mí más que cualquiera, todo era así de simple.

Le decían Brisqui. Y como Brisqui estaba de joda, yo pasé mi tiempo entre sirviendo por la barra y algún diálogo conocido. Cada tanto se trepaba a la barra, apoyándose sobre mis codos y me alcanzaba un beso. Las horas fueron pasando entre tragos y empecé a notar en su cuerpo esa liviandad etílica, esa sensación de que todo es posible, de que el mundo no importa más que porque estamos ahí, en ese momento. Y entre beso y beso –oh, problema- me puse a prestar atención.

Brisqui me miraba mientras sacudía la coctelera; mientras abría la caja; mientras sonreía a la propina. Debe haber notado que todas me querían seducir y ella, a esa altura y ante semejante revelación, quiso más. Así que repitío eso de doblarse sobre la barra, sacar culo y armar un pico con su boca para besarme, y de pronto me encontré con su mano bajando hasta mi pantalón. No pude evitar sonreirle por lo que me hacía, me apretó desde la cola hasta los huevos, y me susurró: “Necesito que me cojas”. A lo que le contesté: “Son dos”.

Me pidió otro Fernet y sacó de su bolsillo un cigarrillo de marihuana. Estaba en la caja cuando una conocida se acercó y le pedí que me hiciera un favor. Ella había vaciado la mitad de su vaso cuando alguien le rozó el cuello. Sin mirar, tomó la mano que la había acariciado y se la metió en la boca. Todo parecía en orden y en progreso.

Se bajó de la silla y siguió a la chica rubia que le había enviado. El bar tenía una puerta detrás de la barra que llevaba a una habitación muy chica. El lugar estaba lleno de muebles, vasos y un gato, mascota del lugar, que solía dormir sobre los bolsos que los bailarines dejaban mientras hacían su show.

Mirella la debe haber llevado hasta el cuarto con la tranquilidad con la que suele moverse. Ella debió deslumbrarla con su belleza al punto de seguramente celarla por tal. Nos acostábamos a veces pero por el papel que ambos cumplíamos en este triste mundo, ser bellos y cuasi objetos de las fantasías de la gente normal.

La música no dejaba de soñar pero dado que la habitación estaba contigua a la pared de la barra, podía percibir unos ligeros murmullos. Su mirada analítica desnuda las almas y habla en un lenguaje silencioso que sólo –y los más bajos –instintos pueden oír. La imagino como tantas veces en que se paraba a encender su cigarrillo, mirándome desde lejos, y provocando con el raspado de ese fósforo una combustión mágica del fuego en mi interior, el cual me llevaba a sentir deseo y la necesidad de saber quién tenía más para dar.

Esa noche, Brisqui había venido como cualquier otra noche. Una chica treintañera, con un probable pasado amoroso tormentoso, que acabó por retraerla a los márgenes comunes de la sociedad. En ocasiones solíamos acostarnos como con cualquiera que buscaba en mí la satisfacción de sus deseos momentáneos y efímeros. Como quien usa un hisopo para penetrar sus conductos auditivos, eliminar sus secreciones a través de un leve placer que provoca la introducción y movimientos suaves en el interior del oído, pero que luego es arrojado a un cesto de esos que están al lado del inodoro, porque no tiene más función que esa para la cual fue usado.

Terminaba de hacer algunos tragos cuando me acerque sutilmente a la pared para notar la casi imperceptible vibración en las botellas que se encontraban en la repisa de la pared. Pude sentir al otro lado los gemidos, al otro lado del muro, de dos mujeres que sacudían el espacio entre las dos afectando a todo el entorno. De repente, el estallido. El orgasmo de una mujer cuya vida es como cualquier otra, que busca la simplicidad en la noche conformándose con el mero acto de cumplir con sus necesidades básicas sin importar lo banal que tuviera que comportarse. Sin embargo, aunque ella no hubiera podido ver más allá de mis ojos claro, mis rastas oscuras y mi cuerpo torneado, yo había podido ver más allá de una chica oficinista, de esas que trabajan nueve horas vestidas de pollera a la rodilla, rodete hecho con un lápiz y anteojos de leer; más allá de la vida pacata de una persona que empieza a complacerse con lo mínimo que cree poder conseguir sin siquiera pensar en intentar buscar una nueva forma de ver la vida.

Cuando entré ella ya estaba parada y con los pantalones puestos; Mirella seguía en posición horizontal bailando árabe. Caminó hacia mí, pasó su mano por mi boca, me besó en la frente y salió de la habitación. Me uní a Mirella en agradecimiento por haberle dado una nueva experiencia a alguien que subsumida en el mundo trivial de los consumidores, no tienen la valentía de mirar desde el otro lado como los productos que mueven su vida, ven el hecho de ser un mero objeto lúdico de deseo. Ahí en esa habitación, un hisopo limpia a otro; meros objetos que otros utilizan para dar sentido a sus patéticas vidas.
Volví a mi casa contando las horas que faltaban para que tuviera que despertarme y ponerme a repasar mis papeles y proyectos; la fusión fría de átomos no estaba lejos de ser descubierta.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Modorra

No puedo despertar. Son las tres de la tarde y hace más de una hora que giro sobre el colchón, las sábanas se perdieron en el piso hace horas. Debería bañarme, me pica el cuerpo, pienso, pero sé que seguramente pase una semana más hasta que lo haga. Nunca antes había tenido tanta modorra, no puedo creer que ahora encima esto, ni que hubiera matado a alguien, me digo, y me desdigo inmediatamente: qué razonamiento superficial, la gente cheta se baña. Vuelvo a girar sobre lo que imagino son restos de comida en la cama que me están picando el culo. Me rasco el culo, toco el colchón, no hay nada. Me alivio, sino me tendría que bañar. Hago mi cuerpo una bola, me muevo hasta la parte más fría y limpia. Me quedo quieto, empiezo a ver la luz entrando por las rendijas de la ventana y me ilusiono con que por fin me estoy por levantar, entonces me doy cuenta de que sólo estaba soñando, no tengo rendijas ni ventana en la habitación. Tengo un libro de Botana -Maru- al lado de mi cama, lo agarro, leo una receta, me parece exquisita, sobre todo la parta en la que M –debe ser ella, pienso- no puede batir claras. Agarro el celular, son las tres treinta de la tarde. Hago números. En cuatro horas más haría doce que me tengo que levantar. Susurro insultos y me arrastro. Abro la heladera, no hay nada; abro la alacena, saco mortadela, me la como con brutalidad. Camino en la oscuridad de la casa y noto una vez más que sólo tengo los ojos cerrados pero cómo me gusta la oscuridad de la casa. Tomo nota mental de todo esto que ahora escribo. Voy al baño. Hago pis mientas me miro al espejo, o me miro al espejo mientras hago pis. Mojé la tabla, tendría que haber mirado donde hacía. En eso la veo, ahí. Ya no se va a ir más, pienso. Corto papel, me seco; si, los hombres limpios nos secamos. Bajo la tapa del inodoro y me acerco más al espejo, para verla de cerca. A ella, la razón de todo. Tengo una verruga. La primera. Una verruga colgando debajo de mi humanidad, que además ahora está como adentro de una bolsa, colgante. Envejecí, pienso, ya envejecí. Ya mi pene no será igual.

viernes, 22 de mayo de 2009

Facilmente

Hoy recibí un email de ella. Era cortito; sólo unas palabras. Decía: “En definitiva, lo que quiero decirte, es que no te amo más”.
No entendí el mensaje. Sé quien lo envió, quizás entiendo sus motivos, pero no comprendí el mensaje. Abrí un nuevo correo y me dispuse a escribir.

Hola, María, cómo andás. Sabés, hace unos días que quiero hablarte, decirte algunas cosas que me están pasando, o más bien que no estoy sintiendo, y tu escueta carta me dispuso a manifestarme.

Escupí la primera burbuja de saliva, un sorbo a mi café y seguí.

Tal vez un email te parezca lo mejor, dado que recibí uno tuyo, pero qué es lo mejor en estos casos. Yo no lo sé, lamentablemente para vos, para mí, para todos, la vida se escribe en el anotador de la Palm que llevamos en el bolsillo, ese en el que intentamos capturar fotos, bajar música, mirar videos, calcular la tasa de cambio de moneda extranjera, jugar a la viborita y escribir algunas ideas mientras miramos por la calle, las paredes, buscando que nos devuelvan algún tipo de señal.

Me detuve. Todas esas palabras, esas ideas sueltas con las que intentaba expresar el lenguaje, el mismo que habíamos deglutido y pateado y descuartizado de la Z a la A durante decenas de noches de vacío opresor, iban a molestarle si esta vez estaban seguidas de una decisión tan cabal como la que intentaba manifestarle. Borré.

No existen culpas. O si acaso alguien lleva el bagaje sobre sus hombros, no seré yo quien asigne la labor. Tal vez las raíces de este desencuentro estén en nuestro inicio; es que vos, María, no pudiste dejar de refregarme tu pasado, por lo que me habías confiado cuando éramos amigos. Creí que iba a poder con tus verdades más entrañables, y me las ofreciste, todo el tiempo, y yo te las acepté, en la boca, cuerpo a cuerpo, pero no me lo pude soportar.

Levanté la vista y me clavé en un calendario con foto que cuelga sobre mi computador. Pensé que las explicaciones no siempre son necesarias, no al menos cuando prenden luz sobre verdades que después pueden encandilar. Qué sentido tenía decirle que se había equivocado, que fracasó delante de sí misma, que lo había arruinado. Me arrepentí, y borré.

Y ahora, mirá quién sos, mirame a mí ante vos. Soy yo el que no puede, el que no soporta verte así, y me lastimás, agrediendo todo lo que nos une, lo que nos unía. Me estás destruyendo delante del espejo y te estás consumiendo, sin caerme encima. Cómo es que no pudimos detenerlo, cómo es que después de tantas vueltas, de tantas idas y venidas no pudiste frenar tus desquicios a tiempo, cómo fue, María, cómo fue que te enroscó la cola de la indiferencia y dejé de ser necesario.

El olor del cigarro quemando madera volvió a detenerme. Me dije que las instancias habían sido muchas, ya, y que nuestra historia formaba para de un pasado. Estaba muerta. Para qué, entonces, llenarlo ahora de cuestiones. Me convencí, y borré.

Vos me importás y quiero verte bien. Pero evidentemente no soy yo ese que te completa, ese que pueda potenciarte, como tantas veces soñamos tirados en mi cama, fumando las horas de la noche entre revuelcos, dibujos pintados en el suelo y promesas a olvidar. Espero que lo puedas ver, que puedas entender que tu decisión se trata de seguir buscando lo que es mejor para los dos, y esa posibilidad, es evidente, no nos encuentra juntos, no ahora.

Para qué, si ella sólo lo iba a entender cuando se enamorara de otro y yo simplemente formara parte de la experiencia. Borré.

En definitiva, lo que quiero decirte, es que me parece bien.

Escribí su dirección. Y lo envié, relajándome por lo fácil y poco traumático que esto resultó.

jueves, 21 de mayo de 2009

Fungus

Esa mañana me desperté con una sensación absorbente, como si un ácido de laboratorio me estuviera desintegrando por dentro. No fue como otros picores que había experimentado alguna otra vez, después comer con mujeres de PH incompatible –pido perdón a los que gustan de la buena cocina, pero nunca fui lo que se dice una adepto al uso de cubiertos limpios. Aquella mañana, la sensación que tuve fue similar a lo que imagino sucedería si alguien me incrustase una maraña de pelos oxidados y estos tuvieran la vitalidad suficiente como para desenredarse dentro de mí. O algo así.

La cuestión fue visceral, a pleno. Ahora que lo recuerdo, asumo que la bronca que sentí fue más intensa que la molestia –que, insisto, era brutal-, dado que yo, antes de buscar a un médico, a una curandera o –como mínimo- alguna pastilla antiácida, fui directo hasta su heladera.

Y, claro, como era de esperar, encontré todo: el remedio, la enfermedad y el motivo fundamental.

Una vez que pude descifrar el enigma que estaba comiendo mi preciada y exitosa entraña por dentro, me acerqué hasta la guardia de un hospital, pedí por un gastroenterólogo con la urgencia de alguien que está por vomitar un muñeco he-man, y le dije al médico. “Tengo basura en el estómago, ¿cómo hago para curármelo?”.

El doctor no era lo que se dice un hombre expeditivo. Más bien, creo que su conservaduría, como de mente en salsa de soja light, le impedía ver que sus preguntas del tipo “comió primero por la boca y luego se tocó la axila” o “se lavó con un bidet las manos haciendo la vertical de atrás hacia adelante” o “estuvo comiendo caca de rinoceronte con el calzoncillo sucio”, no hacían más que irritarme y –pido disculpas otra vez a los degustadores- tuve que decirle, sin amabilidad: “No, doctor. Sucede que yo como bastante y la mujer con la que salgo hace unos días compra en un superchino cerca de donde trabajo hace unos años y después fui a su departamento. Esto fue anoche. La comida fue pobre y yo pensé que se debía a que era viernes, fin de la semana; pero hoy que me levanté con esta picazón y después de haber leído un mensaje en su heladera en que Rosita le decía que la heladera estaba abierta como una flor, entendí que la comida no daba más. Así es que no, doctor, fue simplemente una comida convencional, de la caserita, que le dicen, y yo comida en mal estado no como. Si se vence, la tiro y punto”.

El hombre me recetó un no se qué que venía con una pipeta que me introduje inmediatamente, me refrescó y volví a su casa.

Cuando llegué, la mujer-transmisor responsable de asquerosidades imperceptibles me estaba esperando con el desayuno listo, el diario sobre sus rodillas, abierto en la sección de policiales (paradojas de la vida) y una cara de aflicción producida por mi ausencia que –creo- estuve tentado de convertir en chatarra. Pero me contuve.

Supongo ahora que no estaba tan enamorado de ella como creía en ese entonces, sino, lo que sigue no hubiera podido suceder. (Presten atención al siguiente diálogo que es posible tenga la destreza personal del paso del tiempo –esa cuestión inevitable de pensar que no fue tan grave y que uno es algo, aunque sea un poco genial- pero que, en definitiva, se desarrolló más o menos así).

- Me fui a la farmacia –le dije mientras untaba manteca rancia en su pan tostado con restos de moho quemado.
- ¿Para qué?
- Para comprar algo, es que me desperté con una necesidad.
- Qué interesante.
- Tengo ganas de que me hagas el almuerzo con todos los condimentos que tengas -arremetí mirándola fijo a los ojos, ella sonrió y atinó a decir:
- Eso es tentador.
- Sí, y hay algo más.
- ¿Qué más? –preguntó.
- Necesito que me dejes meter un pan en la salsa.
- ¿Te parece?
- Sí, y después pasártelo por la boca, refregarlo por todo tu cuerpo.
- Palomo, ¿en serio me decís?
- Sí, y quiero algo más.
- ¿Qué más? –preguntó, desencajado.
- Quiero que venga Yu Lee Oh.
- ¿Yu Lee Oh? ¿Yu Lee Oh Chengfer Song?
- Sí, Yu Lee Oh, Yu Lee Oh Chengfer Song, el que tiene el mercachino.
- ¿Cómo mercachino?
- Que Yu Lee Oh Chengfer Song tiene comida vencida adentro de su superchino.
- ¿Te contó el?
- Sí. ¿Vos sabías que a la comida vencida sobrevive en el aire?
- ¿De que estás hablando, Palomo?
- De la vida de la comida vencida. Es muy interesante. Pueden pasar de un superchino a una heladera, con un intervalo de dos horas guardados en una bolsa de plástico y se mantiene vencida.
- Palomo, me estás preocupando.
- Hacés bien, hacés bien, querida Marina. Ahora, servime más café, por favor -dije rogando que la fecha de vencimiento del café fuera al menos en el último lustro.

martes, 19 de mayo de 2009

Tintos


- Como si de alguna manera yo fuese alguien en verdad. No puedo tomarme con tan poco tinto.
- Vos sos alguien, porque sos borracha para mí –insistió.
- No, Pablo, no entendés. La que soy para vos no es la que soy para otros, mucho menos la que significo para mí. Entonces, está claro que no existe un alguien, son sólo símbolos.
- Estás borracha.
- Vos sos el que está loco que te empecinás en creer que puedo ser alguien, hasta la eternidaaaad. Soy obsobstetra.
- Tenés una responsabilidad y deberías asumirla –insistió aquella mañana con un concepto que yo no compartía, pero que él se empecinaba en establecer como la regla básica que un ser moralmente activo debería acatar- Tenés que dejar de tomar en las mañanas.-
- No me molestes con eso, no me vengas con chocolinas.
- Lamento que vivas con ebriedad –me atacó-. Pero vos tenés una responsabilidad sobre mí. Porque yo te amo. Y aquel que se sabe amado tiene una responsabilidad. Lástima que vos sólo pienses en no comprometerte más que con tus deseos etílicos.

Digame usted Licenciado.

Diga mi nombre y me haré el boludo.
Diga la fecha de mi nacimiento y me haré el pendex.
Diga Señorito y no sabré quién es...más gay.
Dígame lo que quiera, que yo no aludiré.
Pero cuando diga, sepa que ni valiente ni resignado estaré esperando que su voz se calle para que las palabras que pronunció se mezclen con algunas estrofas mías y así encontraré, por fin, el sentido de la PAYADA.

La dieta, como la fidelidad.


- Hay gente que simplemente es flaca.
- Mentira.
- De verdad, algunas personas ni siquiera se plantean la posibilidad de engordar.
- Porque se reprimen, en todo caso.
- No, no necesariamente.
- Sí, se reprimen. Los seres humanos no somos flacos.
- Mirá, tengo diez años más que vos y te digo que hay ciertas personas que no son gordas, y que no pueden ni discutir esa posibilidad, porque decididamente no la consideran.
- Cerrazón obtusa. Disculpame, diez años mayor, pero yo creo que, en todo caso, no se animarán a plantárse la posibilidad.
- ¿Por qué usás términos tan negativos?
- No son negativos. No sé mucho de psicología, pero no asocio la represión con cuestiones necesariamente negativas. Uno puede elegir la represión.
- ¿Cómo sería eso?
- ¿No somos racionales acaso? ¿No te definís vos como a un ser racional?
- Sí, claro. ¿Y eso qué tiene que ver con la gordura?
- Que no somos flacos pero sí, racionales. Entonces, es posible que elijamos reprimir el deseo de comer más, si antes de eso decidimos ser flacos.
- …
- Pero lo importante es saber que lo elegimos, insisto, que lo decidimos. Porque si es que somos flacos sólo por mandato, y lo sostenemos, entonces estamos en peligro de vomitar entrañas (léase bulimia).
- ¿A vos te parece?
- Absolutamente. Yo fui gordo toda mi vida y sueño con el día en que decida no serlo más. Es como el infiel que no caga a su novia. En verdad se quiere voltear todo lo que tenga agujero, pero se reprime por convicción. El elige y yo lo aplaudiría si mi panza me dejara chocar mis manos.

lunes, 27 de abril de 2009

Lo bueno, lo malo y lo peor.

Bueno: Tu novio se interesa por lo que te gusta.
Malo: Lee tus revistas Cosmo.
Peor: Las entiende mejor que vos.
Mas Pior: Aplica sus consejos.

Bueno: Encuentras una película porno.
Malo: La encuentras en el cuarto de tu hijo.
Peor: Tu eres el protagonista.
Mas Pior: Con un enano.

Bueno: Te compraste ropa interior nueva.
Malo: Tu esposo se viste de mujer con ella.
Peor: Le queda mejor que a vos.

Bueno: Hoy puedes salir con amigos porque tu esposa no viene a cenar.
Malo: Tu esposa te dejo.
Peor: Por otra mujer.

Bueno: Has decidido experimentar nuevas sensaciones y te compras un vibrador.
Malo: No encuentras tu vibrador.
Peor: Tu hija lo tomo.

Bueno: Una chica te invita a pasar la noche con ella.
Malo: Tu "unidad" solo mide 5 cm.
Peor: Erecto.
Mas Pior: Eso no pasa!

Bueno: Tu esposo es muy apuesto.
Malo: Es un playboy.
Peor: Página central.

Bueno: Ardiente sexo al aire libre.
Malo: Estas arrestada.
Peor: Por tu esposo policia.

Bueno: Al maestro le agrada tu hijo.
Malo: Sexualmente.
Peor: También fue tu maestro!

Bueno: Fuiste a un puticlub.
Malo: Tu hija encabezaba el show.
Peor: Tu esposa sirve los tragos.

Bueno: Te vas de putas con amigos
Malo: En el puterío encontras a tu mujer
Peor: Te cobra
Mas Pior: A tus amigos les hace descuento.

Bueno: Tu novio esta a dieta.
Malo: Le va a quedar tu ropa.
Peor: Y a vos ya no.

Bueno: Tu hija practica sexo seguro.
Malo: En tu casa con múltiples amigos.
Peor: Tiene 11 años.

Bueno: Tu vecina se ejercita desnuda.
Malo: Pesa 135 Kg.
Peor: Sabe que la estas mirando.

Bueno: Tu esposa tiene el estomago plano.
Malo: Y el pecho tambien!
Peor: y la baja-espalda!!!

Bueno: Tu novia tiene cabello rubio, suave y largo.
Malo: Bajo el brazo.
Peor: Se hace trenzas.

Bueno: Tu esposa esta embarazada.
Malo: Son mellizos.
Peor: Te hiciste la vasectomia hace cinco años sin que supiera.

Bueno: Estas de acuerdo con no tener mas hijos.
Malo: No encontras las pastillas anticonceptivas.
Peor: Las uso tu hija.
Mas Pior: Tiene 12 años.

Bueno: Tu hijo esta madurando por fin
Malo: Se esta acostando con la vecina
Peor: Vos tambien

Bueno: Le das clases de educacion sexual a tu hija
Malo: Ella se la pasa interrumpiendote
Peor: Sus consejos son mejores

Bueno: Tu hija consiguio trabajo
Malo: Como prostituta
Peor: Tus amigos son sus clientes
Mas Pior: Gana mas que vos

Bueno: Tus hijos estan creciendo.
Malo: Son sexualmente activos
Peor: Entre ellos

Bueno: Tu hijo dejo las drogas.
Malo: No sabe donde.
Peor: Tu esposa las tiene.

Bueno: Tu hijo está saliendo con alguien.
Malo: Es otro hombre.
Peor: Es tu mejor amigo.

Bueno: Tu esposa te dejo de maltratar
Malo: Quiere el divorcio
Peor: Es abogada

Bueno: Tu esposa acaba de experimentar su primer orgasmo
Malo: Con el cartero
Peor: En la puerta de tu casa

jueves, 23 de abril de 2009

La verdad y "La Verdad"

La vida esta llena de verdades. Pero todos sabemos la diferencia entre la verdad (no no) y la “LA VERDAD”(yes yes)

Ella piensa: Ese flaco es Gordo! (verdad)
Ella dice: Ese flaco es Robusto. (“verdad”)

El piensa: Esa mina es un cuco! (verdad)
El dice: Esa mina es una belleza exótica. (“verdad”)

Ella piensa: Este flaco es un fideo alto y sin músculos.
Ella dice: Podrías ser modelo!

El piensa: Esta mina es un fideo alto y sin formas.
El dice: Podrías ser modelo!

Ella piensa: Gordo pedorro! No sabría en donde encontrártela!
Ella dice: Mi osito mimosón!

El piensa: Gorda fulera! No sabría por donde entrarte!
El dice: Humm.. más de donde agarrar.

Ella piensa: Hola, soy Juana.
Ella dice: Hola.

El piensa: COMO TE PARTIRÍA!!!
El dice: Hola, soy Juan.

Ella piensa: Tu antro es una pocilga.
Ella dice: Me gusta tu depto, tiene estilo rústico.

El piensa: Tu antro es una caja de zapatos.
El dice: Me gusta tu depto, es acogedor.

Ella piensa: Sos un roñoso y harapiento.
Ella dice: Que bien te queda esa onda Sixties.

El piensa: Trola, sos un gato regalado.
El dice: Que sexy que estás; una lady.

Ella piensa: Si como un poco más de esta mierda que cocinaste, vomito.
Ella dice: Me encantó, seguiría comiendo pero vos me querés espléndida, no?

El piensa: Si lo mando directo a la garganta no le siento el gusto.
El dice: Cocinás mejor que mi vieja. Mirá como me lo como todo.

Ella piensa: Cumplimos 3 meses de novios y me regala ESTA chotada.
Ella dice: Me encantó!!!! Siempre quise uno de estos “cositos” para… ya sabés! Son divinos!

El piensa: Cumplimos 3 meses de novios y todavía no sabe que no me interesa lo que pueda darme.
El dice: Que lindo, mi ex nunca me regaló nada así. Se nota que vos me querés más.

Ella piensa: Mañana tengo que ir a comprar esa esponja para el baño y un trapo para el lavadero. ¿Habrá salido la revista de este mes, ya?
Ella dice: Ahhhh!!! Siiiii….. DIOOOSSSS…. COJEME TODAAA!

El piensa: Concha… Concha… Concha… Concha… Concha… Concha… Concha…
El dice: Me voy! Me VOY! Ahhhh!!! Siiiii….. DIOOOSSSS….

Ella piensa: No sabes ni como se usa. Mi ex si que sabía.
Ella dice: Te amo… fue re lindo.

El piensa:
El dice: ZZZ...zzz…ZZZ…zzz

Ella piensa: A ver pelotudo, lo menos que podés hacer ahora es prepararme el desayuno.
Ella dice: Amor… es hora de levantarse.

El piensa: Si le hago el desayuno quizás me consigo un mañanero.
El dice: No sabes que rico desayuno te voy a preparar!

Ella piensa: Me voy a lo del Chongo a pasarla bien.
Ella dice: Lindo, me junto con las chicas en el Shopping y después al cine. Vuelvo tarde.

El piensa: Me voy de putas a pasarla bien.
El dice: Linda, me voy a jugar al fútbol con los chicos y después por unas pizzas y birras. Vuelvo tarde.

Ella piensa: Que bien que lo estoy cagando. El muy forro ni se da cuenta.
Ella dice: No sabés como te extrañé Osito!

El piensa: Que bien que la estoy cagando. La muy boluda ni se da cuenta.
El dice: Bonita, ¿qué sería mi vida sin vos?

Ella piensa: Pelotudo, te pensás que no me doy cuenta que me estás cagando? Pero yo te cago con un enano de circo!
Ella dice: Tus días serían grises sin mi mirada.

El piensa: Idiota, te pensás que no me doy cuenta que me estás cagando? Pero yo me fifo a tu vieja!
El dice: Extrañame que me gusta!

Ella piensa: Ahora te abrocho con un hijo!
Ella dice: ¿Y si probamos sin nada?

El piensa: Ahora me saco las ganas, te preño y corro como el viento.
El dice: Ay… me olvidé de comprar…

Ella piensa: Que Hijo de Puta! ¿Me vas a dejar así de caliente?
Ella dice: Bueno, no importa. Igual estás un poco cansado, no?

El piensa: Ahora te rompo el culo con toda la furia
El dice: A ver esa colita linda…

Ella piensa: Serías el trigésimo séptimo en hacerme el orto… pero no.
Ella dice: Ay… nu… nu… me duele un poquito.

El piensa: La concha de la lora! Pedazo de puta. Tu ex te la metía hasta la mÉdula y me venís a hacer problemas a mi!
El dice: Te lo hago con amor…

Ella piensa: Como te extraño Oblongo… mi viaje a Kenya fue inolvidable gracias a vos.
Ella dice: Me haces sentir tan especial.

El piensa: Mision cumplida. Hemos vaciado los contenedores.
El dice: Ayyyyy Lau… CLAU! CLAUDIA.

Ella piensa: Mis viejos no te bancan. Mi papa quiere mandar a que te caguen a piñas.
Ella dice: Mi familia te adora. Papi dice que sos una gran compañía mientras hace el asado.

El piensa: A mi flia le da igual. Querían más a mi Ex.
El dice: Mi familia te adora. Mami dice que quiere ir de shopping con vos más seguido.

Ella piensa: Mis amigas están calientes. Que alguno de tus amigotes les saque las ganas.
Ella dice: ¿Qué te parece si hacemos una reunión con tus amigos y mis amigas? Así se conocen.

El piensa: Tus amigas son unos bichos… vos al menos sos cogestible. Mis amigos no les tocarían ni una canción.
El dice: Ah.. que macana. Viste que los chicos son medio antisociales… no les gustan las reuniones.

El piensa: Mis amigos están calientes. Que alguna de tus amigas les saque las ganas.
El dice: Uy!! Me olvide que hoy venían tus amigas…y le dije a los chicos que se pasen un rato.

Ella piensa: Tus amigos son horribles… ni vos zafas. Mis amigas no los tocan ni con un puntero laser.
Ella dice: Vamos a ser muchos. Las chicas vienen con sus novios,.

Ella piensa: Ahora… por puto… te voy a cagar la tarde arrastrándote por todo el shopping.
Ella dice: Amor… no me acompañas de una disparada a comprar algo al shopping.

El piensa: Que hij… Justo que me iba a poner a ver tele!
El dice: Si mi amor. ¿Cómo no voy a acompañar a mi Reina?

Ella piensa: Mira como te hago MIERDA la tarjeta!
Ella dice: ¿Te alcanza? Sino le pido a mi papá.

El piensa: Que turraaaaaaa … Como me estás viviendo!
El dice: Siempre hay para vos. Comprá todo lo que necesites.

Ella piensa: Que rata que sos! Es re necesario tener una tijera para cortar ravioles.
Ella dice: Mira, una tijera para Ravioles. Para cuando venga tu abuela de Italia a cocinarnos.

El piensa: Ya llenaste un changuito de boludeces! ¿Por qué no comprás lo que realmente hace falta?
El dice: ¿Estás segura que necesitamos todo esto?

Ella piensa: Vamos a alquilar una de amor y romance.
Ella dice: ¿Si querés alquilamos una de acción? Una de esas de Swcharcheniger que tanto te gustan.

El piensa: Grrrr… Muero por ver Rambo 17… pero la trola me hace sentir mal. Mejor alquilo algo para ella. Pero por guacha, te quedás sóla mirandola… yo me duermo!
El dice: Nah.. alquilemos algo para los dos. ¿Qué te parece ésta? “Amor y Prejuicio”

Ella piensa: Salió un nuevo celular con camarita rosa y que suena con la canción “lloviendo estrellas” de Cristian Castro.
Ella dice: No escucho bien cuando me llamás. Deber ser algo de la señal del aparato.

El piensa: Quiero ponerle unas llantas de 17 pulgadas al auto.
El dice: ¿No sentís que vibra el auto cuando doblo a la izquierda? Deben ser las llantas.

Ella piensa: Tengo una reunión con mis amigos del colegio y no tengo ganas de llevarte.
Ella dice: Tengo una reunión con la gente del colegio. Va mi ex.

El piensa: Tengo una reunión con los vagos de mi colegio y no tengo ganas de llevarte.
El dice: Te llevaría pero nadie va con novia y te sentirías incomoda.

Ella piensa: Que jefe pajero que sos. En cuanto pueda renuncio y le digo a todo el mundo lo viejo verde que sos.
Ella dice: Si, ahora lo hago.

El piensa: Que jefe rata y miserable que sos. En cuanto pueda renuncio y te hago saber que también me volteo a tu secretaría, tu hija y tu mujer. Cornudo!
El dice: Si señor.

Ella piensa: Hijo de puta!! Mové el auto la concha de tu madre! Pedazo de puto malcogido! Seguro a tu vieja se la cogieron en un auto cuando la embarazaron de vos; feto!
Ella dice: Hijo de puta!! Mové el auto la concha de tu madre! Pedazo de puto malcogido! Seguro a tu vieja se la cogieron en un auto cuando la embarazaron de vos; feto! (En voz casi imperceptible)

El piensa: Hijo de puta!! Mové el auto la concha de tu madre! Pedazo de puto malcogido! Seguro a tu vieja se la cogieron en un auto cuando la embarazaron de vos; feto!

El dice: HIJO DE PUTA!! MOVÉ EL AUTO LA CONCHA DE TU MADRE! PEDAZO DE PUTO MALCOGIDO! SEGURO A TU VIEJA SE LA COGIERON EN UN AUTO CUANDO LA EMBARAZARON DE VOS; FETO! (a los gritos y saliendo por la ventanilla)

Ella piensa: If I…Should stay…I would only be in your way…So I'll go …but I know I'll think of you every step of the way…And I...Will always Love youuuuuu…Will always Love youuuuuuuuuu
Ella dice: If Ai…yud stei… Ai gud onli bi in ior güei… Sou ail gou… vat Ai nou Ail sinc ob Iu ebri step of de güei… An Ai… Güil algüeis lab iuuuuuuu … Güil algüeis lab iuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

El piensa: Welcome to the jungle…We got fun 'n' games…We got everything you want…Honey we know the names
El dice: Güelcom chu de jangle.. Ui got fanagueims…Ui got ebrising iu guant… Jony ui nou de neims…

Ella piensa: Me quedo a dormir en tu casa para no tener que tomarme el colectivo porque sos tan rata que ni te ofreces a llevarme a casa!
Ella dice: Me encanta dormir con vos y hacer cucharita.

El piensa: Te dejo que te quedés a dormir porque a la mañana te levantás y lavás los platos de la noche anterior.
El dice: Me encanta dormir con vos y hacer cucharita.

Ella piensa: Café con crema o un Submarino?
Ella dice: Un té por favor.

El piensa: Quiero una pizza grande, dos cervezas y algo para picar.
El dice: Quiero una pizza grande, dos cervezas y algo para picar… y un cortado.

Ella piensa: Caminás rápido para perderme…
Ella dice: Ay! ¿Podrías caminar un poquito más despacio?

El piensa: A ver si caminando endureces un poco ese culo flácido.
El dice: Ay ¿Podrías caminar un poquito más rápido?

Ella piensa: Quiero independizarme, tener mi propio dinero, un auto, una casa, pasar mucho tiempo con los chicos y que no me molestes más.
Ella dice: Quiero el divorcio!

El piensa: Quiero una mina con el cuerpo tonificado, linda, con grandes pechos, con la cola paradita y que sea 10 años más chica que vos.
El dice: Quiero que me pases los clasificados!

*No había gladiadores en Grecia… era en Roma.

miércoles, 22 de abril de 2009

Espirales

Me levanté a mitad de la noche. Ese sueño me había movido el interior. Me incorporé en la plena oscuridad de la habitación dejando un abundante y húmero rastro de sudor en la cama. No podría distinguir si se trataba del sudor del escalofrío que se adueñaba de mis entrañas o de la intensa actividad sexual que nos había precedido. En mi sueño podía verla a ella en un desenfreno sexual con otro. Esa fogosidad perdida en años de noviazgo que se adueñaba de su alma y entregaba todo su cuerpo.

Quizás sólo dormí unas horas pero en mi mente las imágenes se extendieron una eternidad. Mil cuchillos en mi corazón al ver como ella con sus manos acariciaban la humanidad de otro hombre. El sentimiento desgarrador de estar allí y no poder más que mirar. La impotencia de tener que tolerar como otro disfrutaba salvajemente de su cuerpo. Se me iba el aliento en mis sueños al sentir la transpiración sexual que en ese ambiente se producía. Finalmente, desperté. Desperté pero la sensación no se iba. Volví a recostarme. No puede volver a conciliar el sueño; las imágenes y sensaciones me perseguían en mi alma. Era un sentimiento tan profundo que sólo podía venir para mostrarme la verdad. Eso no era más que lo que ocurría en ese preciso momento. Mientras yo dormía, ellos intercambiaban fluidos a mis espaldas. No volví a cerrar los ojos.

En la mañana me levanté, me vestí. Saludé a Clara que aún seguía en la cama.
–Nos vemos en la semana – le dije y me dirigí a la casa de Ella para decirle todo lo que pensaba y sentía. Cuando llegué, recordé el sueño, me paré a su puerta y toqué el timbre como siempre.

martes, 21 de abril de 2009

¿Por qué necesito decirte lo mucho que...

Cada palabra dice que hay que poner un aeropuerto en Ezeiza y ademas más y otra cosa, un freeshop.

J. Pistarini

viernes, 17 de abril de 2009

¿Quién paga?

Situación 1: Primera cita. Primer encuentro. Primera charla. Primeras sonrisas. Va bien. Todo va como surfer sobre ola en día diáfano. Buena comida. Buena bebida. Final de la cena amable. La cuenta, por favor. El: saca la billetera. Ella: se queda mirando.
El piensa: Ratona, ya se que no vas a entregar, ¿y me vas a hacer pagar a mi?
Ella piensa: Baboso, lo único que hiciste toda la noche fue tirarme indirectas para llevarme a un telo.
El: ¿Vamos?
Ella: Vamos.

Situación 2: Primera cita. Primer encuentro. Primera charla. Primeras sonrisas. Va bien. Todo va como surfer sobre ola en día diáfano. Buena comida. Buena bebida. Final de la cena amable. La cuenta, por favor. El: saca la billetera. Ella: saca la billetera.
El piensa: Ahora me hago el galán diciendo que pago yo y la dejo muerta.
Ella piensa: Mirá como te amago para que no pienses que te estoy viviendo y te garco igual.
El: no, dejá, yo te invito.
Ella: bueno, muchas gracias. La próxima (Ella piensa: O no hay próxima, o la próxima te va salir más cara)
El: ¿Vamos?
Ella: Vamos.

Situación 3: Primera cita. Primer encuentro. Primera charla. Primeras sonrisas. Va bien. Todo va como surfer sobre ola en día diáfano. Buena comida. Buena bebida. Final de la cena amable. La cuenta, por favor. El: saca la billetera. Ella: saca la billetera. Ellos: miran el importe.
El piensa: La PMQLRP… es una fortuna y ésta no esta tan buena.
Ella piensa: No tendría que haber pedido langosta para después decir que no me gustaba, el flaco va a pensar que soy una trola.
Ellos: pagan a medias.
El: ¿Vamos?
Ella: Vamos.

Situación 4: Primera cita. Primer encuentro. Primera charla. Primeras sonrisas (nótese el verde en el diente del otro). Va bien. Todo va como surfer sobre ola en día diáfano pero igual se lo come la ola. Mala comida, cruda y fría. Buena bebida, 100% alcohol. Final de la cena amable excepto por haber escupido al camarero. Ella: va al baño. No es vuelta a ver en el barrio.
El: saca la billetera.

Situación 5: Primera cita. Primer encuentro. Primera charla. Primeras sonrisas. Va bien. Todo va como surfer sobre ola en día diáfano. Buena comida. Buena bebida. Final de la cena amable. El: se disculpa y retira al baño. Vuelve y cordialmente le dice a la chica, nos vamos? Ella: alude a pedir la cuenta pero con un gesto sutil con sus suaves dedos el caballero calla sus dulces labios y susurra: "ya está todo pago" se levantan, el caballero acomoda su silla y luego la de su compañera a la cual toma de la mano para conducirla hacia la salida. Llegados a la puerta la mira a los ojos y le dice:"corramos antes que se den cuenta".

Usted vota. Ella lo bota.

Condenada repetición BIS (texto completo)

Hay un bis que no se puede evitar. Ahí está el saber porque si no se repite no se incorpora. Aunque digan que es así como no se supera. Ahí entendemos –los afortunados- y carneamos la cosa. Decimos ok, esto va a salir así. Y ni chance de que sea distinto. En ese tren, perdemos la capacidad de sorpresa, como una renuncia de cabeza gacha. Ma´ sí. De esta historia ya conozco. Y a volver a empezar. Poner la voluntad que tal vez más tarde pero finalmente se vencerá, pensar, hasta que la ilusión se vuelva realidad y sólo quede el cántico del que pide más. Otra, otra. ¿Otra vez más? Y a ceder porque qué otra cosa se puede hacer. Y la posibilidad se achica. ¿Hasta desaparecer? Y ahí la muerte, y en el camino, la curva en la espalda. Jorobado quedás, derrotado y sin justicia. Al final.
Nadie puede salvarse, está en TODO casamiento, fiesta de 15, bautismo, cumpleaños, velorio (no, velorio, no)… Y al ritmo de ese trencito zarandero, al que fuiste incorporado de prepo, que destruye las vertebras de tu espalda, uno se pierde en la noche al sonar del: “todo el mundo pide bis cuando dejan de tocar”; mientras el tío ebrio descontrola la formación vistiendo su vincha corbata.

Somos Paulita y HQDLV

7mo A

Escuché que tocaron el timbre de al lado, en el 7mo B. A los pocos segundos, una voz de lobo feroz despidió abruptamente a una mujer. Miré por la rendija de la puerta y vi salir a una mujer vestida de rojo, digo vestida porque llevaba un vestido y no porque realmente estuviera del todo cubierta; que se dirigía al ascensor.

Volví a mi espera. En eso, escucho que se abre el ascensor, quizás la chica de rojo le permitió subir con una gentileza de la gente de esta pampa civilizada. Chequié cada una de mis partes. La corbata estaba bien puesta, el trasero ordenado adentro del pantalón y la camisa arremangada lo justo. Levante la mirada y esperé el golpe a la puerta. Nadie golpeó.

Volví a mi sillón a continuar con mi espera. Escuche en el silencio de la noche unos murmullos en lo de mi vecino. Una persona bastante, y sutilmente, conflictiva.

Al rato, pude escuchar como golpeaban la puerta del tan galante y falso vecino que me había tocado. Un hombre de clase social -media alta, en este caso- que se las daba de intelectual, con una casa llena de libros que jamás había leído y de los cuales algunos llevaban mi nombre.

Un silencio recorrió el edificio. Me arrimé a la puerta y volví a mirar. Una de las novias de mi vecino, la mujer desvestida de rojo había vuelto. Curioso ya que no solían regresar al menos en un par de días o semanas. Volvió a golpear y luego se colgó del timbre como si sonara con mayor intensidad al presionarlo más fuerte.

Finalmente él abrió y ella pasó. Se escucharon voces y gritos con el detalle de un gran final, con la dama de rojo corriendo por el pasillo regando con sus lágrimas la alfombra.
Momentos después, se volvió a abrir la puerta y se escucharon los pasos de una persona desilusionada y abatida. Seguramente mi vecino iba tras los pasos de la dama de rojo, juntando sus lágrimas de la alfombra para intentar demostrar que él no era un mal tipo. Pero esa triste escena, de un hombre cuyo valor intrínseco es infinitamente cercano a cero, no la vi. Yo me encontraba guardando en la heladera las cervezas tibias, víctimas de la espera. Ella nunca llegó y esa fue mi última cita a ciegas.